La amistad en los tiempos de la gimnasia

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Una de las relaciones más únicas que se dan en la vida, es esa que surge en los entrenamientos, entre la magnesia, los grips y los leotardos. La primera gran amistad se da entre el sudor, el esfuerzo, la alegría y las lágrimas; la primera amistad sabe de ampollas, de lesiones, triunfos y derrotas, de frustración, de disciplina, perseverancia y trabajo duro.

Esto es para aquella amiga a la que conocí muchos años atrás, cuando apenas sabíamos caminar pero ya queríamos andar sobre las manos, esa niña con la que aprendí los primeros elementos, los primeros saltos, con la que coleccioné ampollas e intercambié leotardos, con la que pasé más de seis horas diarias durante años y nunca me cansé de verle.

Esa amiga con la que conocí los primeros miedos, las primeras caídas, las primeras ilusiones y desilusiones, con la que experimenté el nerviosismo de la primera competencia, y de la segunda, y la tercera, y la cuarta, y….

Con la que viví silencios incómodos, dolorosas revisiones, con la que sufría los días de flex pero disfrutaba los masajes después del entrenamiento, esa amiga que me cuidaba cuando hacía algún elemento que me aterraba, la que callaba cuando necesitaba serenidad, pero me animaba cuando creía que no podía más.

Mi compañera de asiento en el avión, el autobús o el automóvil, mi compañera de habitación en cada competición, esa amiga con la que compartí todo, daba igual sí era el leotardo, el labial, el brillo para el cabello, la magnesia o el podio. 

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Con ella aprendí de empatía y solidaridad, porque no era sólo mi amiga, sino mi compañera de equipo, mi confidente y mi más sincera juez, era la supervisora de todas mis rutinas antes de algún encuentro, era la que me animaba y aplaudía sin importar que en competencia también fuera mi contrincante.

Esa amiga que me ganó decenas de veces y a la que le gané otras tantas también, a la que nunca le importaron las comparaciones que los demás hacían entre nosotras, porque tenía claro que cada una tenía su lugar, su sueño, su momento. 

Esa compañera de infancia y adolescencia, con la que quise renunciar incontables ocasiones para poder ser chicas normales, para poder hablar de novios y de fiestas, en lugar de mortales y próximas competencias, para escoger vestidos en lugar de leotardos, para saber las canciones de moda en vez de elegir nuestra nueva música de suelo. Esa amiga con la que dije más de mil veces “odio la gimnasia” pero nunca demasiado en serio como para dejarla.

Con la que viví momentos tan triviales como comer chocolates a escondidas del entrenador o escaparnos por comida prohíba una vez al mes, pero con la que también viví momentos dolorosos, como cuando un tobillo fracturado impidió terminar aquel selectivo o cuando no pudimos ser parte del equipo, con esa amiga compartí lo mejor de mi vida,con ella conocí de lealtad de compromiso, con ella aprendí a soñar. 

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Porque cuando miro al pasado no recuerdo ninguna fiesta infantil, ni a mis compañeros del colegio, pero recuerdo como si fuera ayer nuestras contadas horas de juego, nuestros descansos debajo de la cama elástica jugando en secreto con las muñecas que llevábamos en la maleta de entrenamiento y que escondíamos debajo de las colchonetas cuando alguien estaba a punto de descubrirnos. Nos recuerdo recostadas sobre la viga, mirando al techo como quien mira las estrellas, imaginando el futuro, idealizando nuestro sueño olímpico, ese que nunca llegaría, pero que alimentaría nuestra alma de por vida, ese que en la lucha por conseguirlo nos construyó, nos hizo crecer, nos hizo vivir intensamente, nos dio la pasión para seguir sin importar las dificultades, ese sueño incompleto que nos hizo ser quienes somos.

La primera gran amistad se da entre el sudor, el esfuerzo, la alegría y las lágrimas; la primera amistad sabe de ampollas, de lesiones, triunfos y derrotas, de frustración, de disciplina, perseverancia y trabajo duro. 

Gracias amiga, porque nunca dejamos que la medalla fuera más grande que la amistad.

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Por: Andreea Balcázar
Fotografías: Larissa Iordache Instagram, Margarita Mamun Instagram

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